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Declaracion de Fe

LAS SAGRADAS ESCRITURAS

Creemos que la Biblia entera, todos los 66 libros son inspirados por Dios, sin error en los escritos originales. A través de la providencia de Dios, la Palabra de Dios ha sido protegida y conservada, y es la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia para salvación, e instruye para la vida práctica. 2 Timoteo 3:16-17, 2 Pedro 1:20-21, Salmo 119:11, 89, 105

DIOS

Creemos que hay un solo Dios único, vivo y verdadero, que existe eternamente. Él existe en tres personas co-iguales: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todos ellos son infinitos, sin principio y por tanto, son un solo Dios, que no se divide en Su naturaleza y Ser, sino que cada persona de la Trinidad se distinguido por varias funciones propias y relaciones personales. El Dios trino es el creador y sustentador de todas las cosas, y es digno de adoración y obediencia. Deut. 6:4-5; Génesis 1:31, Lucas 3:21-22, Mateo 28:18-20, Apocalipsis 4:11, 2 Corintios 13:14.

EL PADRE — El Rey del universo, lleno de gloria y majestad, cuya justicia demanda que el pecado sea castigado, pero quien por amor envió a Su Hijo unigénito para recibir el castigo de su pueblo.

JESUCRISTO: Creemos que Jesucristo es Dios. Fue concebido para su manifestación en la tierra por el Espíritu Santo, nació de una virgen, vivió una vida sin pecado, hizo milagros, derramó su sangre en la cruz para pagar la deuda de nuestros pecados, fue sepultado, resucitó corporalmente, ascendió a la diestra del Padre para ser nuestro Sumo sacerdote e intercesor, y volverá literalmente, de forma visible, y personalmente en gloria y poder. -Juan 1:1-3,14; Mateo 1:18-25, Filipenses 2:5-9, Colosenses 1:15, 1 Corintios 15:1-8, Hechos 1:11.

ESPIRITU SANTO: Creemos que el Espíritu Santo es Dios, co-igual y co-existente con el Padre y el Hijo. Él es el quien convence de pecado y regenera, y a través de él pasamos a ser nacidos de nuevo y crecemos en santificación. El Espíritu Santo vive dentro de cada creyente y lo capacita a vivir una vida santa. - Juan 14:16-19; 16:7-15, 1 Corintios 6:19-20; 8:9,11 romanos, Tito 3:5, Juan 3:5-8.

EL HOMBRE

El hombre fue creado por Dios, a su imagen y semejanza (Génesis 1:27), lo que implica que el hombre es un ser moral con capacidad para pensar, sentir y con una voluntad propia. Dios creó al hombre sin pecado, en libertad para escoger entre el bien y el mal, pero el hombre pecó por decisión propia, manchando la imagen de Dios puesta en él y esclavizando su voluntad al pecado (2 Timoteo 2:25-26; Romanos 8:6-7; Romanos 7:14; Juan 8:34,36). Por tanto, él está destinado a condenación eterna a menos que sea regenerado por el Espíritu Santo.

LA SALVACIÓN

Creemos y enseñamos que la salvación de los pecadores es solamente por gracia, a través del Hijo de Dios, quien tomó sobre sí nuestra naturaleza pecaminosa, aunque nunca pecó; durante su vida aquí en la tierra honró la ley divina a través de su obediencia, e hizo expiación por nuestros pecados con su muerte, siendo resucitado de los muertos (Hebreos 9:22). Solamente el sacrificio de Cristo en la cruz nos otorga el perdón de nuestros pecados (1 Corintios 6:20). A través de su sacrificio pasamos de la esclavitud a la libertad, de la oscuridad a la luz y de la muerte a la vida (Efesios 2:1-2). Efesios 2:8, Romanos 5:8, Juan 3:16.

ARREPENTIMIENTO Y FE

Creemos que el arrepentimiento y la fe son deberes sagrados, y son inseparables. Son generados en el alma por el Espíritu de Dios, el cual nos convence de pecado, justicia y juicio, y nos lleva al camino de la salvación por Cristo, cuando nos dirigimos a Dios sinceramente contritos, confesando nuestros pecados y suplicando Su misericordia. Al arrepentirnos y creer recibimos al Señor Jesucristo como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, y confiamos en Él como el único Salvador y suficiente. (Juan 1:9)

LA IGLESIA

Todo aquel que ha puesto su fe en Jesucristo como Señor y Salvador, a través del Espíritu Santo, forma parte de la Iglesia universal. Esta Iglesia es el cuerpo de Cristo y por tanto ella no puede ser separada del Señor. (Efesios 1:22-23; 5:23 y Colosenses 1:24). Todos los creyentes deben participar activamente en la vida de la Iglesia (Hebreos 10:25). La autoridad suprema de la Iglesia es Cristo (1 Corintios 11:3; Efesios 1:22).la Iglesia ha sido llamada a ser santa y sin mancha (Colosenses 1:22) y a esta Iglesia se la ha dado la responsabilidad de proclamar la obra de redención y de dar a conocer la sabiduría de Dios (Efesios 3:10-11).

ORDENANZAS

A la iglesia se le han dado dos ordenanzas. Nuestro Señor Jesucristo instituyó la Comunión en su última cena con los discípulos, (Mateo 26:26-30) para que fuese celebrada por creyentes solamente de una manera regular como un recordatorio de lo que Él hizo por nosotros en el calvario (Lucas 22:19-20; 1 Corintios 11:26). Antes de esta celebración, el creyente debe examinarse y pedir perdón por sus pecados, de lo contrario traería juicio sobre sí mismo (1 Corintios 11:27-29).

La segunda ordenanza es el Bautismo por inmersión, que practicamos después de haber creído en Cristo como Señor y Salvador, como una representación de nuestra unión con Él, al morir al pecado y al resucitar a una nueva vida. Cada creyente debe ser bautizado voluntariamente como testimonio público de su fe en Cristo y no como vía de salvación (Mateo 28:19; Efesios 2: 8-9).

LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

Enseñamos el retorno inminente de nuestro Señor Jesucristo (Mateo 24:42-44; I Tesalonicenses 4:16-17). El rapto de la iglesia parece ser el próximo evento profético a cumplirse antes de iniciarse el período de la tribulación, el cual tendrá una duración de siete años (Daniel 9:24-27; 12:11; Apocalipsis 11:2-3; 12:6; 13:5). Pero entendemos que es posible, de acuerdo a ciertos pasajes Bíblicos, que el Señor permita que su iglesia pase por el período de la tribulación (Mateo 24:3-31). Este período de tribulación será seguido por el reino del milenio en la tierra, donde Cristo reinará (Apocalipsis 20:1-4). Por tanto, debemos vivir nuestras vidas como si Cristo fuese a retornar hoy.

Enseñamos la resurrección del cuerpo de todos los creyentes y de los no creyentes al final de los tiempos (Hechos 24:15); los primeros heredarán la vida eterna y los últimos sufrirán tormento eterno (Mateo 25:31-46).

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